Selección de Pili

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on Jul 4, 2014 in Alzheimer, BLOG, Ejercicio, Salud, Selección de Pili | 0 comments

20140701_well_physed-tmagArticle

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

Can Exercise Reduce Alzheimer’s Risk? [¿Puede el Ejercicio Reducir el Riesgo de Alzheimer?

De acuerdo a un nuevo e inspirador estudio, el ejercicio puede ayudar a mantener el cerebro fuerte, en personas que tienen un alto riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Los hallazgos sugieren que, aún una moderada cantidad de actividad física puede ayudar a reducir la progresión de una de las enfermedades más temidas en la vejez.

Aquí mi resumen:

Para el nuevo estudio, que fue publicado en Mayo en Frontiers in Aging Neuroscience, los investigadores en la Clínica Cleveland en Ohio, reclutaron casi 100 voluntarios, hombres y mujeres, con edades entre los 65 y 89 años, muchos de los cuales tenían un historial familiar de Alzheimer.

Esta enfermedad, caracterizada por la gradual y luego rápida pérdida de la memoria y función cognitiva, puede alcanzar a cualquiera. Pero los científicos han descubierto, en los recientes años, que las personas que han albergado una variante específica de un gen, conocido como apolipoproteína E (APOE)–gen e4–tienen un riesgo sustancialmente alto de desarrollar esta enfermedad.

Las pruebas genéticas entre estos voluntarios, determinaron que alrededor de la mitad del grupo tenía el gen e4, aunque al principio del estudio, ninguno mostró señales de pérdida de memoria mas allá de lo que sería normal para su edad.

Los científicos examinaron más de cerca los cerebros de estos voluntarios.

Por algún tiempo, los investigadores han sospechado que esta enfermedad comienza alterando la estructura y función del cerebro años—incluso décadas–antes de que aparezca el primer síntoma. En particular, se ha pensado que esta enfermedad acelera silenciosamente la atrofia del hipocampo, la parte crítica del cerebro para procesar la memoria. Los cerebros de las personas con Alzheimer muestran que sus hipocampos están mucho más reducidos que esas personas de la misma edad sin esta enfermedad.

Ha habido menos estudios, sin embargo, de posible reducción en los cerebros en gente cognitivamente normal con riesgo de Alzheimer. Una razón es que, hasta hace poco, pocas intervenciones, incluyendo drogas, habían mostrado mucha promesa en desacelerar o prevenir la progresión de la enfermedad, así que los investigadores—y pacientes—han estado reacios para identificar marcadores de su potencial ataque.

Pero después, algunos estudios comenzaron por sugerir que el ejercicio podría afectar la progresión de la enfermedad. Un estudio del cerebro en el 2011, por ejemplo, conducido por algunos de los mismos investigadores de la clínica Cleveland, encontró que gente mayor con el gen e4 que se ejercitaba regularmente, tenia significativamente más actividad cerebral durante las pruebas cognitivas que la gente con el gen e4 que no se ejercitaba, sugiriendo que los cerebros de los que se ejercitaban estaban funcionando mejor.

Pero ese estudio se enfocó en la función del cerebro y no en la estructura. ¿Podría el ejercicio también estar afectando la forma física del cerebro particularmente en personas con el gen e4? Se preguntaron los investigadores.

Para enterarse, ellos preguntaron a los voluntarios en su nuevo experimento que tan frecuente e intensamente se ejercitaban. Alrededor de la mitad, no se movía nada. Pero la otra mitad caminaba, trotaba o de otra manera se ejercitaba moderadamente unas pocas veces a la semana.

Al final, los científicos dividieron los voluntarios en 4 grupos, basados en su estatus del gen e4 y hábitos de ejercicios. Un grupo incluyó esa gente con el gen e4 que no se ejercitaba, otro incluía esos con el gen e4 que si se ejercitaban, y los otros dos grupos estaban compuestos por aquellos sin el gen, y que se ejercitaban o no, regularmente.

Los científicos, después, escanearon los cerebros de los voluntarios, con particular énfasis en su hipocampo. 18 meses después, ellos repitieron las pruebas.  

En ese breve intervalo, los miembros del grupo con el gen e4 que no se ejercitaban, tenían una atrofia significativa de su hipocampo. Este se había encogido alrededor de un 3 por ciento, en promedio.

Esos voluntarios quienes tenían el gen e4, pero que se ejercitaban regularmente, sin embargo, no mostraron casi ninguna reducción de sus hipocampos. Igualmente, ambos grupos quienes no tenían el gen e4 mostraron un pequeño cambio en sus hipocampos.

En efecto, los cerebros de los voluntarios con un mayor riesgo de Alzheimer físicamente activos, lucieron igual que los de las personas con menor riesgo, dijo Stephen M. Rao, un profesor asociado al Schey Center for Cognitive Neuroimaging en la Clínica Cleveland, quien supervisó el estudio. El ejercicio parece haberlos protegido.

Mientras, los cerebros de la gente sedentaria con alto riesgo parecieron ser resbaladizos, estructuralmente, hacia la disfunción.

“Esto ocurrió en un periodo corto de tiempo, dijo el Dr. Rao, quien describió las diferencias en la estructura del cerebro como “muy significativas”.

Cómo el ejercicio estuvo protegiendo el hipocampo de las personas, no está claro, dijo, aunque el gen e4 es conocido por alterar el metabolismo graso dentro del cerebro, igual que lo hace el ejercicio, lo cual pudo haber contrarrestando algunos de los efectos indeseables del gen e4.

Se necesita más investigación para un mejor entendimiento de la interrelación del ejercicio y el riesgo de la enfermedad de Alzheimer. Pero aun así, dijo el Dr. Rao, “hay una bueno razón para decirle a la gente que se ejercite para proteger su memoria”. Muchos de  nosotros no tenemos el gen e4, pero cada uno tiene algún chance de desarrollar esta enfermedad.

Con lo cual si el ejercicio reduce el riesgo en alguna forma, dijo el Dr. Rao, entonces ¿por qué no lo hacemos?

Read More

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on Jun 27, 2014 in BLOG, Entrenamiento Intenso, Selección de Pili | 0 comments

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

For Fitness, Push Yourself [Para un Óptimo Nivel de Fitness, Sal de tu Zona de Confort]

Para darnos cuenta de los mayores beneficios del ejercicio, probablemente necesitemos salir de nuestra zona de confort y entrenar intensamente.

Aquí mi resumen:

De acuerdo a un nuevo estudio, el ejercicio intenso cambia el cuerpo y los músculos a nivel molecular en maneras que una leve actividad física no lo hace. Aunque el estudio fue conducido en ratones, los hallazgos agregan mucho a una creciente evidencia científica que concluye que, para obtener los mayores beneficios del ejercicio, probablemente tenemos que entrenar intensamente.

Desde hace un tiempo, los científicos y expertos del ejercicio han debatido los méritos de la intensidad en este. Todos están de acuerdo, claro está, cualquier ejercicio es más saludable que ninguno. Pero más allá de eso, ¿Es el ejercicio extenuante de alguna manera mejor, desde un punto de vista fisiológico, que el ejercicio moderado?

Han habido pistas de que puede ser, estudios epidemiológicos en caminantes, por ejemplo, han encontrado que esos que suelen caminar a paso rápido tienden a vivir más que esos que se mueven a un paso más lento, aunque su gasto de energía total sea el mismo.

Pero cómo el ejercicio intenso pudiera afectar el cuerpo de manera única, especialmente a nivel celular, no había estado claro. Es aquí donde los científicos en el Scripps Reasearch Institute en Florida, comenzaron a investigar.

Ya estos científicos, habían estudiado la bioquímica de las reacciones del sistema nervioso simpático en ratones. El sistema nervioso simpático es esa porción del sistema nervioso autónomo o involuntario que enciende la respuesta a la pelea o al vuelo en los animales, y en las personas cuando se enfrentan con el estrés o el peligro. En esta situación, el sistema nervioso simpático pide la liberación de catecolaminas, bioquímicos como la adrenalina y neropinefrina, que establece la aceleración del corazón, aumentan el estado de alerta y acondicionan los músculos para escapar o para la batalla.

En esta investigación los científicos se habían enfocado en catecolaminas y su relación con una proteína encontrada tanto en ratones como en personas, y que es genéticamente activada durante el estrés, llamada CRTC2. Esta proteína, afecta el uso del azúcar en la sangre del cuerpo y los ácidos grasos durante los momentos de estrés, y parece tener un impacto en problemas de salud como por ejemplo la resistencia a la insulina.

Los investigadores comenzaron a preguntarse acerca del papel de la proteína CRTC2durante el ejercicio.

Por mucho tiempo, los científicos han sabido que el sistema nervioso simpático juega una parte en el ejercicio, particularmente si la actividad es intensa. El ejercicio extenuante, pensaron, actúa como una clase de estrés, provocando una respuesta a la lucha o al vuelo y la liberación de catecolaminas, dispara el sistema cardiovascular en un alto nivel. Y mientras estas catecolaminas son importantes para ayudar a la pelea o a escapar, en general, se pensó, que éstas no jugaron un papel importante en la respuesta a largo plazo del organismo al ejercicio, incluidos los cambios en los músculos y la resistencia. El ejercicio intenso, en este caso, no tendría un especial o único efecto en el cuerpo mas allá que esos que se alcanzan ejercitándose moderadamente.

Pero los investigadores en Scripps no estaban convencidos de que las catecolaminas tuvieran tan pequeño propósito en la respuesta de todo el cuerpo al ejercicio. Así que, para un estudio publicado el mes pasado en The EMBO Journal, los investigadores y otros colaboradores decidieron dar un vistazo más profundo en los cuerpo de los ratones que se ejercitaban, en particular, qué estaba pasando con sus proteínas CRTC2.

Para esto, ellos primero criaron ratones que estaban genéticamente  programados para producir mucho más CRTC2 que otros. Cuando estos empezaron un programa frecuente de ejercicio intenso, su resistencia se elevó a un 103 por ciento a las dos semanas, comparado a un incremento de solo un 8.5 por ciento en ratones normales siguiendo la misma rutina. Los animales genéticamente alterados, también desarrollaron músculos mas concisos y grandes que los otros animales, y sus cuerpo llegaron a ser más eficientes liberando grasa de sus músculos y usándola como combustible.

Estas diferencias fueron el resultado de una secuencia de eventos producidos por las catecolaminas. Cuando la proteína CRTC2 recibió y leyó ciertas señales de las catecolaminas, éstas enviarían un mensaje químico a los genes en las células de los músculos que darían paso a procesos que resultaban en músculos mas grandes y fuertes.

En resumen, las catecolaminas, después de todo, tuvieron que ver con la mejoría en el nivel de fitness.

Esto significa, dijo el Dr. Conkright, autor del estudio, que hay una cierta verdad en la idea de “no pain, no gain”. Las catecolaminas son liberadas solamente durante el ejercicio que el cuerpo percibe como estresante, dijo, así que sin cierto esfuerzo físico, no hay catecolaminas, ni mensajes de éstas a las proteínas CRTC2, ni señales de la proteína CTRC2 a los músculos.

El estudio también subraya la importancia de reevaluar periódicamente la intensidad de tus entrenamientos, si deseas mejorar continuamente tu estado físico. Una vez que la rutina es familiar, el sistema nervioso simpático crece indiferente, reteniendo la adrenalina, y no alertando a las proteínas CRTC2, ocurriendo así pocas adaptaciones adicionales.

La buena noticia es que la intensidad es un concepto totalmente relativo, dijo el Dr. Conkright. Si estás fuera de forma, un entrenamiento de alta intensidad pudiera ser una caminata rápida e intensa alrededor de la cuadra. Para un maratonista, implicaría sudar más.

El punto es salir de la zona de confort de tu cuerpo, porque sí que hay consecuencias únicas cuando lo haces.

 

Read More

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on Jun 20, 2014 in BLOG, Selección de Pili | 0 comments

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

Exercise and the Good Bugs in Our Gut [El Ejercicio y los Organismos en Nuestros Intestinos]

18wellphysed-tmagArticle-v2

Un nuevo estudio sugiere que el ejercicio frecuente puede influenciar nuestro peso y salud en general por la alteración de las diversas clases de organismos que viven dentro de nosotros.

Aquí mi resumen:

Mantenerse físicamente activo puede estimular a los gérmenes beneficiosos de nuestros intestinos a desarrollarse, mientras que la inactividad podría hacer lo inverso, de acuerdo a un nuevo e innovador estudio. Los descubrimientos sugieren que, en adición a sus otros  beneficios para la salud, el ejercicio frecuente puede influir en nuestro peso y salud en general mediante la alteración de los tipos de organismos que viven dentro de nosotros.

En los últimos años, ha habido un gran interés en el papel que los microbios del intestino desempeñan en la salud de todo el cuerpo. Una multitud de estudios ha mostrado que personas con poblaciones grandes y diversas de gérmenes en su tubo digestivo, son menos propensas a la obesidad, problemas inmunológicos y otros trastornos de la salud que la gente con menos diversidad microbiana, y que ciertos gérmenes en particular, pueden contribuir a mejorar la salud metabólica e inmunológica.

Sin embargo, una pequeña parte de la ciencia, había examinado la interacción entre la actividad física y bacterias intestinales en las personas. Así, para un estudio publicado este mes en Gut, los investigadores en el University College Cork, parte de la Universidad Nacional de Irlanda, y otras instituciones, se dispusieron a aprender más examinando a un grupo de gente que se ejercita mucho: el equipo nacional de rugby de Irlanda.

“Elegimos atletas profesionales como un grupo de estudio, porque queríamos estar seguros de no perder ningún efecto del ejercicio y necesitábamos un grupo que se estuviera desempeñando cuidadosamente en los extremos del esfuerzo humano, dijo el Dr. Fergus Shanahan, autor del estudio, profesor de gastroenterología y director del Alimentary Pharmabiotic Center en University College Cork.

Cuarenta de los jugadores estuvieron de acuerdo en participar. En el momento del estudio, el equipo nacional de hombres estaba en los entrenamientos pretemporada y los jugadores estaban ejercitándose arduamente por varias horas todos los días.

Por el bien de la comparación, los investigadores también reclutaron dos grupos externos de hombres adultos saludables, ninguno de ellos atletas. Un grupo estaba formado por hombres con índice de masa corporal normal. La mayoría de los hombres en este grupo se ejercitaba ocasionalmente pero de manera leve.

Los hombres en el grupo final eran generalmente sedentarios y tenían una masa corporal que los calificaba como en sobrepeso u obesos. Este grupo fue incluido, dijo el Dr. Shanahan, porque los jugadores de rugby, aunque sumamente en forma, eran físicamente enormes, con masa corporal bien por encima de lo normal. Los investigadores querían comparar los microbios de sus intestinos con aquellos que tenían un peso similar, pero no su musculatura.

Los científicos tomaron muestras de todos los voluntarios. Los voluntarios completaron extensos cuestionarios sobre sus rutinas de ejercicio y dieta, y hablaron con un nutricionista acerca de su típica ingesta diaria de alimentos.

A continuación los científicos analizaron la sangre de los hombres para los marcadores de daño muscular e inflamación, lo que indicaría cuanto tenía o no tenía que haberse movido y ejercitado cada voluntario recientemente. Los científicos también usaron sofisticadas técnicas de secuencia genética para identificar y enumerar los microbios particulares, viviendo en cada uno de los intestinos.  

El resultado fue que, el mundo interno de los atletas era muy diferente al de los hombres en cualquiera de los grupos de control. Los jugadores de rugby tenían considerablemente más diversidad en la composición de su micro flora intestinal, lo que significa que sus tractos intestinales contenían una mayor variedad de gérmenes que aquellos en los grupos con el mayor índice de masa corporal.

Los intestinos de los jugadores de rugby también albergaron un mayor número de una particular bacteria, llamada Akkermansiaceae, la cual ha sido relacionada en estudios pasados con un descenso del riesgo de  obesidad y la inflamación sistémica.

Curiosamente, la sangre de los jugadores de rugby mostró bajos niveles de marcadores de inflamación, a pesar de que estos estaban haciendo ejercicio intensamente. Sus músculos estaban siendo golpeados, pero en términos fisiológicos, recuperándose bien.

Los hombres en los dos grupos de control, por otra parte, especialmente aquellos con los más altos índices de masa corporal y que rara vez se ejercitaban, tenían un relativamente bajo número de Akkermansiaceae en sus intestinos y elevados marcadores de inflamación en su sangre.

Estos descubrimientos, llaman la atención sobre la posibilidad de que el ejercicio puede tener un efecto beneficioso en la micro flora en maneras que mejoran la salud corporal, dijo el Dr. Shanahan.

Sin embargo, los resultados son todavía preliminares, dijo. Este estudio fue pequeño y debido a su metodología, los investigadores no pueden determinar como el ejercicio altera los gérmenes en el intestino o como distinguir los efectos del ejercicio intenso de esos de la dieta. Los jugadores de rugby consumieron mucho más calorías de las que consumieron los otros hombres, con un mucho mayor porcentaje de su dieta consistiendo en proteínas. Estas diferencias nutricionales pueden afectar cuales microbios se desarrollan en el intestino. También los atletas estaban entrenando a niveles que pocos de nosotros sería capaz o estaría dispuesto a hacer.

El Dr. Shanahan y sus colegas han comenzado un estudio de seguimiento examinando si y de qué manera el ejercicio cambia el ambiente intestinal, tanto en hombres como en mujeres. Los resultados deben estar disponibles a finales de este año.

Pero aún antes de estos hallazgos, dijo, parece que cualquier cantidad de ejercicio debería hacer a tus intestinos más receptivos a las bacterias que quieras que residan allí.

 

Read More

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on Jun 13, 2014 in BLOG, Selección de Pili | 0 comments

Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

Overestimating How Hard We Exercise [Sobreestimando cuán intenso nos ejercitamos]

Aquí mi resumen:

Muchos sabemos que el ejercicio moderado es bueno para nosotros. Pero sorprendentemente, las investigaciones muestran que pocos sabemos qué significa el ejercicio moderado. Un nuevo e instructivo estudio encontró que muchos de nosotros subestimamos cuán duro debemos ejercitarnos para conseguir máximos beneficios para la salud, y sobreestimamos que tan vigorosamente realmente entrenamos.  

Hace alrededor de 6 años, se publicaron las directrices del ejercicio para los adultos, donde se recomienda que éstos deben completar 150 minutos de ejercicio moderado o 75 minutos de vigoroso ejercicio aeróbico a la semana. Ya sea con sesiones prolongadas o múltiples o entrenamientos más cortos, y de qué manera nunca se especificó. Trotar, pedalear, nadar, caminar, hacer Tai Chi, o saltar cuerda—cualquier actividad está bien, sugieren las recomendaciones, siempre y cuando se alcance y se mantenga la intensidad señalada.

Desde entonces, otros países, como Canadá y Gran Bretaña, han apoyado esencialmente las mismas pautas para sus ciudadanos y ahora, los médicos aconsejan de forma rutinaria a sus pacientes fuera de forma, entrenar moderadamente.  

Pero ningún estudio científico había determinado si la gente común sabe cómo se sienten las diferentes intensidades recomendadas cuando se ejercitan. Así que para un estudio publicado el mes pasado en PLoS ONE, los investigadores de la Universidad de York, en Toronto reclutaron 129 adultos sedentarios de 18 a 64 años, para determinar lo que ellos sabían sobre “ejercitarse por salud”.   

Las directrices formales del ejercicio ofrecen una guía para determinar la intensidad de tu entrenamiento. Puedes utilizar la frecuencia cardiaca, por ejemplo. Durante el ejercicio moderado, de acuerdo con las pautas canadienses, tu pulso debe aumentar acerca del 64 al 76 por ciento de tu frecuencia cardiaca máxima; durante el ejercicio vigoroso, el pulso debe mantenerse entre aproximadamente el 77 y el 90 por ciento de su máximo. Más casualmente, las guías norteamericanas sugieren que durante el ejercicio moderado, debes ser capaz de hablar, mientras que durante la actividad vigorosa, no podrás ser capaz de decir más que unas pocas palabras sin detenerte a respirar.

Los investigadores canadienses empezaron preguntándoles a sus voluntarios si estaban familiarizados con las directrices del ejercicio. Unos pocos dijeron que si, aunque la mayoría de ellos no. Así que se les repartieron copias de estas directrices para que se las estudiaran, y después le preguntaron si sentían que las entendían, si podían cumplir con ellas, o si estaban, tal vez, cumpliéndolas ya.

Con un poco de vergüenza, casi todos los voluntarios dijeron que las directrices estaban claras y ellos se sentían seguros de que podían cumplir la cantidad requerida de ejercicio moderado. Muy pocos dijeron creían que ya estaban cumpliendo las pautas.

Los científicos entonces midieron la actual frecuencia cardiaca máxima de los voluntarios con una prueba en la caminadora, haciendo que estos caminaran o trotaran a un paso que ellos sintieran fuera alternativamente suave, moderado y vigoroso. Se les pidió mantener cada una de las intensidades deseadas por acerca de 3 minutos, de manera que los investigadores pudieran rastrear su ritmo cardiaco. Finalmente, se les pidió caminar al ritmo más lento que sintieran calificarían para obtener beneficios significativos del ejercicio.

Los voluntarios no supieron juzgar la intensidad. Unos pocos mantuvieron un ritmo cardiaco por encima del 65 por ciento de su máximo cuando estos supuestamente se ejercitaron moderadamente, y aun menos alcanzaron un ritmo cardiaco por encima del 75 por ciento del máximo durante su versión de ejercicio vigoroso.

Quizás lo más evidente, una mayoría de los voluntarios caminó a un ritmo decididamente lánguido cuando se les pidió estimar el ejercicio de  menos intensidad que pudiera calificarse de moderado y proporcionar grandes beneficios a la salud. Solo alrededor del 25 por ciento alcanzó un ritmo que elevó su ritmo cardiaco dentro del rango moderado. El resto se acercó ligeramente.

En general, durante cada una de las pruebas, los voluntarios sobrestimaron la intensidad de su ejercicio, dijo Jennifer L. Kuk, profesora de kinesiología en la Universidad de York, quien supervisó el experimento.

Las implicaciones de ese descubrimiento son preocupantes, dijo la Dra. Kuk, en ambos niveles tanto de salud personal y pública. Actualmente, de un 15 a un 25 por ciento de los adultos norteamericanos y canadienses reportan en encuestas que ellos se ejercitan lo suficientemente intenso como para cumplir con las directrices. Pero si muchos de ellos están exagerando sus esfuerzos, aunque sin intención, dijo la Dra. Kuk, el problema de la falta de actividad física puede ser todavía más grande de lo que sugieren las encuestas.

En un plano más íntimo, los que juzgan mal nuestros esfuerzos, pueden estar ganando menos beneficios de salud de los que esperamos del ejercicio, dijo ella. Si no te sientes seguro de cuán bien mides la intensidad, tómate el pulso frecuentemente durante un entrenamiento. Si se mantiene por debajo del 65 por ciento de tu ritmo cardiaco máximo—220 menos tu edad—es notoriamente inexacto. Una formula más precisa, como se describe aquí, es 211 menos el 64 por ciento de tu edad.

Y, sin recalcar tanto lo obvio, recuerda que cualquier cantidad de actividad física a cualquier intensidad tendrá algunos beneficios para la salud, dijo la Dra. Kuk.

Read More

6/6/2014 Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on Jun 6, 2014 in BLOG, Selección de Pili | 0 comments

04well_physed-tmagArticle

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

Losing Weight May Requiere Some Serious Fun [Perder Peso Puede Requerir de Seria Diversión]

Aquí  mi resumen:

Si tu objetivo es perder peso intensificando tus rutinas de ejercicio, seria sabio pensar en tus entrenamientos no como un ejercicio, si no como un momento de diversión. Un inusual nuevo estudio sugiere que las actitudes de la gente hacia la actividad física, puede influir en lo que comen después y, en última instancia, si estos pierden peso.

Por algún tiempo, los científicos han estado desconcertados—y los que se ejercitan frustrados—por la ineficacia en general del ejercicio como una estrategia para perder peso. Según múltiples estudios y anécdotas, la mayoría de las personas que comienzan a hacer ejercicio no pierden tanto peso como se espera, dado su mayor gasto energético. Algunas personas agregan libras a pesar de quemar cientos de calorías durante los entrenamientos.

Estudios anteriores de este fenómeno, han encontrado que el ejercicio puede aumentar la producción de las hormonas del apetito, por lo que algunas personas sienten un voraz apetito incluso después de sesiones ligeras de entrenamiento y tienden a consumir más calorías de las que gastaron. Pero esta afirmación, aunque intrigante, no explica por completo la amplia variabilidad en los hábitos de comida de la gente después de ejercitarse.

Así, para el nuevo estudio, publicado en la revista Marketing Letters, investigadores franceses y estadounidenses recurrieron a la psicología y el posible efecto que llamar al ejercicio por cualquier otro nombre podría tener sobre dietas posteriores.

En esa búsqueda, los investigadores reclutaron primero 56 mujeres adultas y saludables, la mayoría de ellas con sobrepeso. Estas recibieron mapas que detallaban un mismo entrenamiento—una caminata al aire libre de una milla–y se les dijo que iban a pasar la próxima media hora caminando, y después almorzarían.

A la mitad de las mujeres se les dijo que su caminata seria un entrenamiento, y estas estaban animadas al verlo así, monitoreando su esfuerzo todo el tiempo. A las otras mujeres se les dijo que tendrían un paseo der 30 minutos, durante el cual escucharían música con auriculares, evaluando la calidad del sonido, pero mayormente los investigadores querían que ellas disfrutaran.

Cuando las mujeres regresaron de caminar, los investigadores pidieron a cada una calcular lo que caminaron, su estado de ánimo y gasto de calorías.

Aquellas mujeres que habían estado ejercitándose formalmente reportaron sentirse más cansadas y malhumoradas que las otras mujeres, aunque las estimaciones de kilometraje y las calorías gastadas de ambos grupos fueron casi idénticas. Más aun, cuando las mujeres se sentaron para tener un almuerzo de pasta, con agua o refrescos azucarados para tomar, y pudin de chocolate o manzana de postre, las mujeres en el grupo de ejercicio optaron por la soda y el pudin, consumiendo significativamente más calorías que las mujeres que habían pensado que caminaban por placer.

Un experimento de seguimiento por parte de los investigadores, publicado como parte del mismo estudio, refuerza y amplia los descubrimientos. Para esto, los investigadores dirigieron un nuevo grupo de voluntarios–algunos de ellos hombres–a recorrer el mismo circuito de una milla. Una vez más, a la mitad se les dijo que consideraran esta sesión como un entrenamiento. A los otros se les dijo que harían turismo y que debían divertirse. Los dos grupos cubrieron la misma distancia. Pero después, se les permitió llenar una bolsa de chocolates, como agradecimiento, y los voluntarios del grupo que se ejercito tomaron el doble de la cantidad de dulces que los del grupo que se les dijo que hicieran turismo.

Por último, para examinar si los deportistas del mundo real se comportan de manera similar a los de los experimentos artificiales, los investigadores visitaron la línea de meta de una carrera de relevos, donde 231 participantes entre las edades de 16 a 67 años, habían completado vueltas de cinco a 10 kilómetros. Se les preguntó a los corredores si habían disfrutado de la carrera y les ofrecieron la opción de una barra de chocolate o una barra de cereal. En general aquellos corredores que dijeron que su carrera habido sido difícil o insatisfactoria tomaron el chocolate, quienes dijeron que se habían divertido eligieron la opción más saludable.

En conjunto, estos tres experimentos subrayan que la forma en que enmarcamos la actividad física, afecta a la forma en cómo comemos después, dijo Carolina OC Werle, una profesora asociada de marketing en la Escuela de Gestión de Grenoble, Francia, quien dirigió el estudio. El mismo esfuerzo, que se ve como una diversión en lugar de ejercicio, provoca consumir menos de los alimentos altos en calorías, dijo.

Como influyen, fisiológicamente, nuestros sentimientos acerca de la actividad física en la ingesta de alimentos aún no se sabe, dijo, y probablemente sea complejo, envolviendo las hormonas, la genética, el circuito neurológico del apetito, y el proceso de la recompensa. Sin embargo, en los términos más simples, la Dra. Werle dijo, esta nueva información muestra que la mayoría de nosotros requiere una recompensa de algún tipo por ejercitarnos. Esa recompensa puede tomar la forma de un disfrute subjetivo. Si el ejercicio es divertido, no es necesaria una gratificación adicional. Si no, hay pudin de chocolate.

La buena noticia es que nuestras actitudes hacia el ejercicio son maleables. Podemos enmarcar nuestros entrenamientos en diferentes maneras, dijo la Dra. Werle, poniendo énfasis en lo que consideramos la diversión en ello, como escuchando nuestra música favorita o charlando con un amigo durante una caminata en grupo. ¡Excelente!

“Mientras más diversión tengamos, concluyó, menos sentiremos la necesidad de compensar el esfuerzo con comida”.

 

 

Read More

30/5/2014 Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Subido por on May 30, 2014 in BLOG, Selección de Pili | 0 comments

mildred johnsonMildred Johnson, la señora de Gainsville, que participo en el estudio que mostró los beneficios de caminar en las personas mayores.

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

To Age Well, Walk [Para Envejecer Bien, Camina]

De acuerdo a uno de los mayores y más largos estudios en su clase, el ejercicio regular reduce significativamente el chance de que una persona mayor y frágil, llegue a estar físicamente discapacitada.

Aquí mi resumen:

Los resultados, publicados recientemente en el journal JAMA, refuerzan la necesidad de la actividad física frecuente para nuestros padres envejecientes, abuelos y, claro, para nosotros mismos.

Mientras que todo el mundo sabe que el ejercicio es una buena idea, cualquiera que sea tu edad, la evidencia científica concreta acerca de sus beneficios en los mayores y más débiles, ha sido sorprendentemente limitada.

“Por primera vez, hemos mostrado directamente que el ejercicio puede disminuir o prevenir efectivamente el desarrollo de la discapacidad física en una población de personas mayores extremadamente vulnerables”, dijo el Dr. Marco Pahor, director del “Institute on Aging”, en la Universidad de Florida en Gainesville, y quien fue el autor del estudio.

Innumerables estudios epidemiológicos, han encontrado una fuerte correlación entre la actividad física en la edad avanzada y una vida más larga y saludable. Pero tales estudios no pueden probar que el ejercicio mejora la salud de las personas mayores.

Otros experimentos aleatorios de menor escala, han establecido de manera convincente, una relación causal entre el ejercicio y envejecer saludablemente. Sin embargo,  el alcance de estos experimentos ha sido generalmente estrecho, mostrando, por ejemplo, que las personas mayores pueden mejorar su fuerza muscular con entrenamiento de peso o su capacidad de resistencia caminando.

Así, para este último estudio llamado LIFE—Intervenciones de Estilo de Vida e Independencia para mayores—se utilizaron voluntarios que eran sedentarios y estaban en la cúspide de la fragilidad.

Se reclutaron, entonces, 1,635 hombres y mujeres sedentarios entre las edades de 70 y 89 años quienes obtuvieron por debajo de 9 en una escala de 12 puntos de funcionamiento físico, escala que se usa a menudo para evaluar gente mayor. Casi la mitad obtuvo un 8 o por debajo, pero todos fueron capaces  de caminar por su cuenta 400 metros o un cuarto de milla, esta es la referencia de los investigadores para determinar cuándo se está deshabilitado físicamente.

Así los voluntarios fueron asignados al azar, a un ejercicio o un grupo educacional.

A esos en la tarea educacional se les pidió visitar el centro de investigaciones una vez al mes para aprender de nutrición, salud y otros temas relacionados con el envejecimiento.

El grupo de ejercicio, recibió información sobre envejecimiento, pero también comenzó un programa de caminatas y de entrenamiento suave con pesas en los tobillos.  También se les pidió completar 3 o 4 sesiones más de ejercicio en casa, para un total de 150 minutos de caminata y alrededor de 3 sesiones de 10 minutos de entrenamientos de peso cada semana.

Cada seis meses, los investigadores chequearon el funcionamiento físico de todos los voluntarios, con particular atención a si ellos todavía podían caminar 400 metros por ellos mismos.

El experimento continuó por más de 2 años, mucho más tiempo que la mayoría de los estudios de ejercicio.

Al final de este tiempo, los voluntarios que se ejercitaron eran un 18 por ciento menos propensos a vivir ningún episodio de discapacidad física durante el experimento. También tenían un 28 por ciento menos de probabilidad de llegar a estar discapacitados permanentemente, o sea ser incapaces de caminar esos 400 metros por ellos mismos.

La mayoría de los voluntarios “toleraron muy bien el programa de ejercicio” dijo Dr. Pahor, pero los resultados izaron algunas banderas. Más voluntarios en el grupo de ejercicio terminaron hospitalizados durante el estudio que los participantes en el grupo de educación, posiblemente porque sus signos vitales fueron chequeados más veces, dijeron los investigadores. El régimen de ejercicio pudo haber desenmascarado, también, algunas condiciones médicas, dijo el Dr. Pahor, aunque él no siente que el ejercicio por si solo conduzca a hospitalizaciones.

Una preocupación más sutil envuelve la sorprendentemente pequeña diferencia, en términos absolutos, en el número de gente que se volvió discapacitada en los dos grupos. Acerca de un 35 por ciento de esos en el grupo de educación tuvo un periodo de discapacidad física durante el estudio. Pero así lo tuvo el 30 por ciento de esos en el grupo de ejercicio.

A primera vista, los resultados son decepcionantes, dijo el Dr. Lewis Lipsitz, un profesor de medicina de la Facultad de Medicina de Harvard, quien no participó en el estudio. “Entonces, hay que mirar en el grupo de control, que no era en realidad un grupo de control en lo absoluto”. Eso es porque en muchos casos los participantes en el grupo educacional comenzaron a ejercitarse, según datos del estudio, aunque a estos no se les pidió hacerlo.

No hubiera sido ético mantenerlos a ellos sin ejercitarse, continúo el Dr. Lpsitz. Pero si los científicos en el estudio LIFE habían sido capaces de utilizar un grupo de control de personas totalmente sedentarias con malos hábitos alimenticios, las diferencias entre los grupos serían mucho más pronunciadas, dijo.

Sobre todo, este es un estudio importante, porque se enfoca en un resultado importante, que es la prevención de la discapacidad física.

En los próximos meses, Dr. Pahor y sus colegas planean hacer un seguimiento adicional, incluyendo un análisis costo beneficio. El costo  de ejercitarse por participante es considerablemente menos que el costo de estar en un asilo después que alguien se vuelve deshabilitado físicamente, dijo él.

El Dr. Pahor advirtió que el estudio LIFE no está diseñado para que la gente mayor empiece sola en programas de ejercicio sin supervisión. La supervisión médica es importante, dijo el. Habla con tu doctor y trata de encontrar un grupo de ejercicio. “El aspecto social es importante”

Veamos el ejemplo de Mildred Johnston, de 82 años, una empleada de oficina retirada en Gainesville y quien fue voluntaria del estudio LIFE. Esta se ha mantenido caminado semanalmente con dos de otras voluntarias que conoció durante el estudio.

Y la misma ha comentado, “el ejercicio ha cambiado mi percepción de todo lo que repecta al significado de envejecimiento”, dijo. “No se trata de cuanta ayuda necesitas de otras personas ahora. Se trata más de lo que puedo hacer por mí misma”. “Además, dijo, de que compartir en grupo durante las caminatas, realmente hace que te mantengas comprometida con la vida”.

Más…

El compromiso con la vida junto con el ejercicio y la buena nutrición, es lo que evita el deterioro.

 

Read More