11/4/2014 Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

Are You Programmed to Enjoy Exercise? [¿Estás Programado para Disfrutar el Ejercicio?]

Según un nuevo y revelador estudio de la genética con ratas de laboratorio, la motivación para hacer ejercicio-o no-puede ser en parte heredada.

Aquí mi resumen:

Es posible que algunos de nosotros no hayamos nacido para correr. Según un revelador y nuevo estudio de la genética hecho con ratones de laboratorio y publicado en The Journal of Physiology, la motivación para hacer ejercicio-o no—puede ser, al menos, parcialmente heredada.

Por años los científicos han sido acosados por la pregunta de por qué tan poca gente se ejercita regularmente, aún sabiendo que debería hacerlo. Hay razones obvias, incluyendo salud precaria y falta de tiempo. Pero los investigadores han empezado a especular con que la genética podría también jugar un papel, como algunos experimentos recientes sugieren.

En un estudio, publicado el año pasado, pares de gemelos adultos idénticos y fraternos, usaban monitores de actividad para realizar un seguimiento de sus movimientos. Los resultados indicaron que los gemelos eran más parecidos en sus hábitos de ejercicio a causa de una crianza compartida. Su disposición para la actividad física o para sentarse todo el día, dependía en gran medida de la genética, concluyeron los investigadores.

Pero, cuales genes podrían estar envueltos y cómo cualquiera de las diferencias en la actividad de esos genes podría desempeñar un papel en el interior del cuerpo, era un misterio. Así que científicos en la Universidad de Missouri recientemente, decidieron ahondar en este tema, criando sus propios animales, ávidos de ejercitarse o no.

Ellos lograron esta tarea criando ratas que habían corrido voluntariamente en las ruedas del laboratorio. Agrupando a las que habían corrido mas de ambos sexos y, las que habían corrido menos, fueron igualmente acopladas. Este esquema continúo a través de muchas generaciones, hasta que los científicos tuvieron dos grupos distintos de ratas, algunas de las cuales habrían pasado horas corriendo voluntariamente, mientras las otras lo hicieron por corto tiempo, si lo hicieron.

En su primer experimento con estas ratas, los investigadores encontraron diferencias intrigantes en la actividad de ciertos genes en sus cerebros. En circunstancias normales, estos genes crean proteínas que le dicen a las células jóvenes que crezcan y se unan al trabajo. Pero si los genes no funcionan normalmente, las células no reciben los mensajes químicos necesarios para permanecer en una prolongada adolescencia celular. Estas células inmaduras no pueden unirse a la red neuronal y no contribuyen a la función del cerebro.

En general, estos genes trabajaron normalmente en los cerebros de las ratas criadas para correr. Pero su expresión fue muy diferente en los cerebros de las no corredoras, particularmente en una porción del cerebro llamado el núcleo accumbens, el cual está involucrado en el proceso de la recompensa.

En los humanos, como en muchos animales, el núcleo accumbens se pone en alerta cuando nos envolvemos en actividades que disfrutamos.

Cuando los científicos examinaron de cerca los cerebros de los dos tipos de ratas, encontraron que cuando jóvenes, los animales criados para correr tenían en el núcleo accumbus más neuronas maduras que los no corredores, aunque ninguno de los grupos hubiera, incluso, corrido mucho. En términos sencillos, ese hallazgo parecía indicar que los cerebros de las crías nacidas de los corredores están innatamente preparados para encontrar gratificación al correr; podría esperarse que todas esas neuronas maduras en el centro de recompensa del cerbero se disparen fuertemente en respuesta al ejercicio.

Por el contrario, las ratas del grupo reacias a correr, con su ligero complemento de neuronas maduras, se presume tendrían una débil motivación innata para  moverse.

Pero los cerebros de los animales reacios a correr estaban cambiando. En comparación con otros en su línea familiar que habían permanecido sedentarios, ahora mostraron neuronas más maduras en su núcleo accumbens. Esa parte de su cerebro se mantuvo menos desarrollada que entre los corredores, naturalmente ávidos, pero estaban respondiendo al ejercicio en maneras que parecían ser más gratificantes.

Lo que, en todo caso, estos resultados significan para las personas, es imposible de saber en este momento, dijo Frank Booth, profesor de ciencias biomédicas de la Universidad de Missouri, quien supervisó el estudio. Los cerebros de las ratas no son cerebros humanos, y las motivaciones de estas son como mucho, sospechosas.

Aun así, dijo Booth, la información de su grupo parece sugerir que los seres humanos pueden tener genes para la motivación al ejercicio y otros genes de motivación para quedarse sentados en un sofá, y durante generaciones, un grupo de estos genes podría empezar a predominar dentro de una familia. Pero las predisposiciones nunca son dictatoriales.

“La gente puede decidir ejercitarse”, cualquiera que sea su herencia, dijo el Dr. Booth, y, como su experimento final del estudio sugiere, la gente podría reprogramar sus cerebros para que moverse o ejercitarse llegue a ser un placer.

Pili Cuadrado
pilicuadrado6@hotmail.com
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