Mi Selección de la Semana en Fitness y Salud

Sé que tienes una agenda muy ocupada, pero quieres mantenerte al día con las últimas noticias e investigaciones sobre fitness y salud. Por eso, cada semana te informo sobre un artículo reciente que he leído. El artículo de esta semana es:

 

Drink Soda? Take 12,000 Steps [Si tomas refresco, camina 6 millas al día]

 

Aquí mi resumen:

La gente que consume fructosa tiene el riesgo de desarrollar una variedad de problemas para la salud. Sin embargo, dos nuevos estudios han encontrado que, este riesgo disminuye si se mueve lo suficiente, aunque no se ejercite formalmente.

Muchos de nosotros hemos escuchado que ingerir fructosa, usualmente en forma de sirope, no es saludable, lo cual unos pocos expertos pondrían en duda. El sirope del maíz, alto en fructosa, es usado para endulzar muchos alimentos procesados y casi todas los refrescos.

El problema con éste es que, a diferencia del azúcar, la fructosa es metabolizada primeramente en el hígado. Donde mucha de esta fructosa es transformada en ácidos grasos, algunos de los cuales permanecen, contribuyendo a la enfermedad del hígado graso.

El resto de los ácidos grasos emigra a la sangre, causando daños en el metabolismo. Estudios pasados, en animales y humanos, han relacionado la ingesta de aún moderadas cantidades de fructosa, con peligrosos cambios en el nivel de azúcar en la sangre, aumentando la resistencia a la insulina, la diabetes Tipo 2, agregando grasa a tu abdomen, y contribuyendo a la obesidad y otros problemas metabólicos.

Pero Amy Bidwell, una investigadora en la Universidad de Syracuse, notó que pocos de estos estudios habían examinado las interacciones entre la actividad física y la fructosa. Esa fue una muy importante omisión, pensó, porque el movimiento y el ejercicio cambian la  manera en como el cuerpo utiliza su combustible, incluyendo la fructosa.

La Dra. Bidwell buscó hombres y mujeres universitarios, que estuvieran dispuestos a tomar refrescos a favor de la ciencia. Estos, fueron fáciles de encontrar, ¡claro!

Los voluntarios se presentaron en el laboratorio de fisiología de la universidad para una serie de exámenes. Los investigadores evaluaron como sus cuerpos respondieron a la comida rica en fructosa, anotando sus medidas en general y su salud metabólica, incluyendo los perfiles de colesterol y marcadores de la sangre de inflamación corporal. Los estudiantes también completaron cuestionarios acerca de sus dietas normales y niveles de actividad y, subsecuentemente, llevaron un monitor de actividad por una semana para ver que tanto estos se movieron en general.

Después, la mitad de los voluntarios pasó dos semanas moviéndose la mitad de lo que lo habían hecho antes. Los otros 11 voluntarios empezaron moviéndose el doble de lo que lo habían hecho antes, para un total diario de por lo menos 12,000 pasos por día, o alrededor de 6 millas.

Después de un periodo de descanso de una semana, los grupos cambiaron, de manera que cada uno se había movido mucho y poco.

Durante el experimento, ellos también consumieron dos servicios de refresco de limón rico en fructosa, proveyendo 75 gramos de fructosa en un día, lo cual es un promedio de lo que mucha gente consume típicamente. Los refrescos contenían acerca de 250 calorías cada uno, y se les pidió a los voluntarios reducir sus calorías de alimentos sin fructosa en la misma cantidad, para evitar un aumento de peso.

Después de las dos sesiones semanales, los voluntarios regresaron al laboratorio para repetir las pruebas metabólicas y de salud.

Sus resultados divergían ampliamente, dependiendo de cuanto se habían movido. Así uno de los dos estudios basados en la investigación, publicado en mayo en Medicine & Science in Sports & Exercise, reporta, después de dos semanas de consumo de glucosa e inactividad relativa, que estos saludables voluntarios mostraron un notable cambio en su colesterol y perfiles de salud. Hubo un aumento significativo en sus concentraciones sanguíneas de peligrosas lipoproteínas de muy baja densidad, y un desorbitado aumento de un 116 por ciento en los marcadores de inflamación corporal.

El segundo estudio, publicado este mes en el European Journal of Clinical Nutrition, se enfocó en las respuesta a la fructosa y la actividad del azúcar en la sangre, y encontró igualmente grandes cambios entre los voluntarios cuando éstos no se movieron mucho. Dos semanas de fructosa extra los dejó con claras señales de una incipiente resistencia a la insulina, que es el primer síntoma de la diabetes Tipo 2.

Pero en ambos estudios, caminar por lo menos 6 millas diarias se llevó todos estos cambios provocados por el consumo de fructosa extra. Cuando los jóvenes se movieron más, su colesterol y niveles de azúcar en la sangre permanecieron normales, aunque ellos consumieran mucha fructosa todos los días.

La lección de estos estudios no es que debemos consumir grandes cantidades de fructosa y pensar que con caminar 6 millas controlaremos los efectos dañinos, dijo la Dra. Bidwell. “Yo no quiero que la gente considere estos resultados como un permiso para comer desesperadamente”, agregó, “asegúrate de pararte y moverte”.

El estudio no examinó cuanta actividad se necesita para recuperarse de los peores impactos de la fructosa, pero es como la Dra. Bidwell dijo, de las “adicionales contracciones musculares” como pararse y caminar 6 millas al día produce una cascada de efectos fisiológicos que alteran como el cuerpo usa la fructosa.

De manera interesante, la gente joven del estudio no incrementó la duración de sus entrenamientos normales para conseguir todos estos pasos, y mayormente no se ejercitaron formalmente. Ellos aparcaban sus carros bien lejos de las tiendas, tomaban las escaleras en vez de los ascensores, en fin, se sentaron menos y se movieron más.

Pili Cuadrado
pilicuadrado6@hotmail.com
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